En Sassuolo, se restituye la Torre Civica renovada a la ciudad

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La Torre Civica, símbolo de Sassuolo y de la pertenencia a la ciudad para muchos de sus habitantes, ha sido restaurada recientemente con el patrocinio de la empresa. Fue construida en el s. XVII a partir de un proyecto del arquitecto ducal Antonio Loraghi y con esta última intervención de restauración y consolidación —de la que nos habla la arquitecta Anna Chiara Bertolazzi— ha sido restituida a la ciudad con renovada belleza.

La Torre Civica, edificada entre 1676 y 1680, es un monumento distintivo de la plaza Garibaldi y de todo Sassuolo, y su reloj ha sido el encargado de marcar el transcurso del tiempo durante siglos en la ciudad. El edificio ha sido restaurado varias veces a lo largo del tiempo, pero es este último proyecto el que le ha dado un nuevo esplendor.

La historia del Campanone está vinculada a la historia de la ciudad de Sassuolo y sus habitantes…

El origen de la plaza, con su forma actual, se remonta al s. XVI, cuando Alessandro Pio dio inicio a su realización construyendo a sendos lados el Palazzo della Ragione y la Osteria della Posta. En 1676, Francesco II de Este le confió al arquitecto ducal Antonio Loraghi el proyecto de la Torre Civica, conocida popularmente por los habitantes de Sassuolo como “ Campanone”. En 1696 se construyó el Teatro, restaurado en 1775 por orden de Francesco III de Este, quien le encargó al arquitecto Pietro Bezzi la intervención general que uniformó el aspecto de la plaza por medio de los soportales que enmarcan el espacio.
El aspecto actual de plaza es, en esencia, el mismo que tenía en el s. XVIII, y su originalidad radica en la presencia de unos pequeños canales, los únicos que quedan del sistema de acueductos al aire libre que en el pasado atravesaba el casco antiguo de la ciudad. Tras su construcción, la Torre fue modificada por el arquitecto Pietro Bezzi y, posteriormente, se añadió la cúpula/linterna proyectada por el arquitecto Antonio Maria Soli, protagonista del Neoclasicismo modenés.  La Torre también figura en numerosas marcas de empresas de la zona: la más conocida es la destilería Roteglia y su licor Sassolino, que confirma su importancia en la imagen de la ciudad y como símbolo de pertenencia para la ciudadanía.

¿En qué consiste la intervención realizada en el edificio? ¿Cuáles eran los elementos más delicados?

El proyecto se centraba en una restauración conservadora de los frentes y los elementos principales. La cuestión más importante era la canalización inadecuada del agua, que creaba problemas de deterioro tales como escorrentía, erosión o depósito superficial. Por eso, ampliamos el conocimiento del edificio mediante un estudio tanto documental como diagnóstico para conocer su estado de conservación y disponer de una visión completa y fiable. A continuación, reemplazamos la hojalatería de canalización del agua. Limpiamos las superficies manual y mecánicamente para consolidar las bases de arenisca y los ángulos de las molduras de las cornisas de piedra. Tuvimos especial cuidado durante las operaciones de limpieza y protección de la Virgen con el Niño de terracota, obra de Antonio Pulci de 1792, y las cuatro estatuas de mármol de Carrara que representan las edades del ser humano —infancia, adolescencia, madurez y vejez— colocadas junto al campanario, en el tambor octogonal. 


Además de la puesta en seguridad y la consolidación, ¿habéis intervenido en otros aspectos?

La revisión cromática fue muy importante. La pintura se armonizó con la paleta general de la plaza, de acuerdo con las indicaciones de la Superintendencia, por medio de una serie de pruebas en las juntas, los arcos y las lesenas, excepto algunos ensayos realizados en el nicho de la Virgen. Las características cromáticas se mantuvieron iguales en todos los frentes: fondo rojo en los recuadros, color crema en los cuerpos saledizos y ocre en los arcos del soportal.  Las tonalidades se eligieron una vez mapeados los colores presentes en el espacio público que rodea la torre.

La relación entre la Torre Civica y Marazzi es histórica. ¿Cómo habéis colaborado en esta última intervención?

El Grupo Marazzi, además de patrocinar la iniciativa, se mantuvo en contacto constante con la dirección de la obra para mantenerse al día sobre su estado de avance. Este interés atestigua la relación de la marca con el territorio, su historia y la ciudadanía. En los años Ochenta, el laboratorio de “Ceramiche Marazzi”, como se conocía entonces, reemplazó el cuadrante de cerámica y efectuó la revisión del mecanismo del reloj. Por la misma época, los empleados recibieron como regalo un reloj de cocina con los mismos colores que la torre del campanario: un gesto que habla una vez más sobre la relación inseparable e histórica que existe entre la empresa y su gente. Ahora nos estamos ocupando de la posibilidad de abrir al público los espacios de la torre; es posible, en efecto, celebrar actos y exposiciones, y esto sería el coronamiento de una actividad que ha restituido plenamente la obra a la ciudad.

Ph Corrado Ravazzini